Cambiarlo de colegio no habría sido suficiente para poner fin al acoso. Un adolescente de 16 años terminó con heridas abiertas en el rostro tras ser golpeado con un vaso durante una fiesta de quince años en Arequipa. Su madre denunció que en la agresión participaron tres antiguos compañeros vinculados al hostigamiento que, según afirma, su hijo sufría cuando estudiaba en el colegio San Jerónimo.
La madre relató que dos adolescentes le arrebataron el teléfono celular y un tercero lo golpeó con el recipiente. El ataque ocurrió fuera del plantel y cuando el menor ya estudiaba en otra institución educativa, a la que había sido trasladado precisamente para alejarlo del presunto bullying.
Producto de la agresión, el escolar presentó cortes y sangrado en diferentes partes del rostro, por lo que tuvo que recibir atención. Para su madre, lo ocurrido representa el episodio más grave de un hostigamiento que asegura haber advertido meses antes a las autoridades educativas.
El caso se encuentra ahora bajo investigación de la Segunda Fiscalía de Familia, que deberá establecer las circunstancias de la agresión y determinar la responsabilidad de cada uno de los adolescentes involucrados.
Indiferencia del colegio
Según el testimonio de la madre, su hijo cursaba cuarto de secundaria en el colegio San Jerónimo y soportaba insultos y burlas desde el año anterior. Las ofensas estaban relacionadas con su apariencia física y, asegura, se intensificaron durante este año. Incluso señaló que uno de los estudiantes lo buscaba durante sus actividades deportivas para continuar molestándolo.
La situación habría escalado hasta intentar aislarlo de sus compañeros. En marzo, la madre acudió ante el tutor y el coordinador del colegio llevando capturas de pantalla de mensajes en los que, según denunció, se pedía a otros alumnos que no hablaran con su hijo.
También asegura haber enviado correos electrónicos a la dirección solicitando una intervención.
De acuerdo con su versión, recibió reiteradamente pedidos para esperar mientras el caso era investigado y se le informó sobre una derivación al área de Psicología. Sin embargo, cuestionó que las medidas adoptadas no consiguieran detener el presunto hostigamiento.
Ante el deterioro emocional que observaba en su hijo y siguiendo una recomendación psicológica, finalmente tomó una decisión drástica: retirarlo del colegio y trasladarlo a otra institución.
Cambiar de colegio no lo salvó
La madre sostiene que el problema continuó incluso después del traslado. Denunció que antiguos compañeros habrían contactado a estudiantes del nuevo colegio para afirmar que su hijo había sido expulsado por ejercer bullying.
Ella rechazó tajantemente esa versión y regresó al San Jerónimo para pedir que dejaran tranquilo al adolescente. Según recordó, un coordinador le respondió que los estudiantes habían recibido charlas relacionadas con el acoso escolar.
La mujer también afirmó haber presentado documentación ante la UGEL y el Arzobispado de Arequipa para poner en conocimiento el caso y las pruebas que asegura haber recopilado. Cuestionó no haber obtenido una respuesta que consiguiera frenar la situación.
Ahora pide que no solo se esclarezca la agresión ocurrida durante la fiesta, sino que también se revise qué ocurrió con las alertas que asegura haber presentado previamente.
El adolescente dejó su antiguo colegio buscando recuperar la tranquilidad. Meses después, terminó con el rostro herido en una agresión en la que, según denuncia su madre, estuvieron involucrados antiguos compañeros.
La Fiscalía tendrá que determinar responsabilidades por el ataque. Pero el caso deja además una pregunta para las autoridades educativas: ¿qué ocurrió con las advertencias de presunto bullying realizadas antes de que el hostigamiento denunciado terminara en una agresión física?
