Mientras el mundo avanza hacia pagos electrónicos, códigos QR y billeteras móviles, millones de peruanos siguen dependiendo del dinero en efectivo para su vida diaria. Aunque la digitalización crece a ritmo acelerado, la inclusión financiera no avanza al mismo paso, dejando a amplios sectores —especialmente adultos mayores y poblaciones rurales— en riesgo de quedar fuera del sistema.
En el Perú, la brecha digital es visible. Según el Banco Mundial, más del 40 % de adultos mayores en América Latina no usa internet ni smartphones. La escena se repite cada mes: miles de jubilados hacen largas colas en ventanilla para cobrar sus pensiones porque no confían en las aplicaciones bancarias o simplemente no cuentan con acceso a una red. El efectivo, para ellos, no es solo un medio de pago, sino su única forma segura de interactuar con la economía.
Las cifras del INEI confirman esta desigualdad. El país tiene unos 4,7 millones de adultos mayores —el 13,9 % de la población—, un grupo donde la tecnología no forma parte de la rutina diaria. En zonas rurales, la situación es aún más crítica: solo el 20,5 % de los hogares tiene acceso a internet, lo que vuelve inviable cualquier intento de migración total hacia pagos digitales. Agricultores, comerciantes y jubilados de comunidades altoandinas dependen del efectivo para sus actividades básicas, desde comprar alimentos hasta pagar transporte.
En este contexto, expertos advierten que eliminar el dinero físico no sería un avance, sino un retroceso en términos de inclusión. La Asociación de Contribuyentes del Perú plantea que la verdadera modernización pasa por un sistema híbrido que permita la convivencia de ambos modelos. El efectivo garantiza libertad, privacidad y autonomía; el dinero digital, rapidez y eficiencia. Para lograr un equilibrio, propone identificar los “desiertos de efectivo” del país, fortalecer la infraestructura bancaria y digital, y proteger la seguridad y privacidad de los usuarios.
En un país donde la conectividad aún es desigual, el desafío no es reemplazar billetes con aplicaciones, sino asegurar que nadie quede atrás en la era digital.
