Entre enero y julio de 2025, un total de 2,607 personas fueron detenidas en Arequipa por manejar en estado de ebriedad, según reportes del Observatorio Nacional de Seguridad Ciudadana del Ministerio del Interior. Esta cifra convierte a la conducción ebria en el segundo delito más frecuente en la región, solo por debajo de los hurtos, que registraron 2,760 casos en el mismo periodo. El problema se acentúa en feriados, fines de semana largos y festividades, donde las cifras de intervenciones suelen duplicarse.
Ante esta realidad, la Corte Superior de Justicia de Arequipa implementó desde febrero un plan piloto en la Unidad de Flagrancia, que permite procesar y sentenciar a los conductores intervenidos en un plazo máximo de 48 horas. El sistema busca dar una respuesta rápida y ejemplar frente a este delito, pero el incremento sostenido de casos y la falta de personal han puesto en evidencia limitaciones, sobre todo durante celebraciones como San Valentín, Fiestas Patrias o el aniversario de Arequipa, donde llegan a registrarse entre 10 y 20 detenidos diarios.
Otro aspecto preocupante es la reincidencia, si al inicio del plan los detenidos eran en su mayoría primerizos, ahora un número creciente de infractores son reincidentes, es decir, vuelven a ser intervenidos por segunda vez bajo los mismos cargos. Cada caso requiere procedimientos como control de identidad, declaraciones y exámenes toxicológicos, lo que sobrecarga al personal de flagrancia y dificulta el cumplimiento del objetivo de sentencias rápidas.
En lo que va del 2025, varios accidentes mortales han sido ocasionados por conductores ebrios. Uno de los casos más graves fue el atropello de una niña en Paucarpata, a manos de un hombre que salió de un local clandestino. A ello se suman escándalos protagonizados por autoridades locales que también fueron intervenidas en estado de ebriedad, como el alcalde de La Joya, Cristhian Cuadros Treviño, y el teniente alcalde de Mariano Melgar, Luis Montesinos, lo que alimenta la indignación ciudadana ante un problema que no distingue jerarquías ni responsabilidades.
